Sobre mí
Nací en la madrugada del 27 de febrero de 1963 en Dehesas, un pueblo pequeño de la comarca del Bierzo, en la provincia de León. Mi infancia transcurrió bajo la sombra de Las Médulas: esas montañas abiertas en canal por los romanos en su afán de arrancarle a la tierra hasta la última pepita de oro. Los prados verdes, los frutales, las huertas, el olor del trigo, la cebada y el centeno fueron moldeando mi sensibilidad antes de que supiera que eso se llamaba sensibilidad. Son olores, sabores y recuerdos que aún hoy, a miles de kilómetros de distancia, mantienen viva la añoranza.
A los nueve años dejé el pueblo. Los estudios me llevaron por varias ciudades hasta recalar en Madrid, donde los concluí. Durante cinco años ejercí como docente en un colegio, una experiencia que me enseñó más sobre las personas que sobre las materias que impartía. Después me trasladé a Alemania con la intención de completar una tesis doctoral en Filosofía: un proyecto que quedó inacabado, aunque no por ello estéril. Las preguntas que me llevaron hasta allí siguen siendo las preguntas que me llevan a escribir.
Alemania se convirtió en mi hogar. Aquí eché raíces, aquí crié a mi familia y aquí sigo: frente a un ordenador desde el que me gano la vida y desde el que, al mismo tiempo, doy forma a las historias que me dictan los sueños —o los que no me dejan dormir.
Mi trayectoria literaria comenzó en colaboración con la escritora Paqui Valenzuela, con quien publiqué Cuentos de Navidad y el cuento ilustrado La estrella de mis sueños. La poesía encontró su cauce en De amor, desamor y otros demonios, al que siguió Poemas al borde del camino (2023): un libro que recorre cuatro territorios —la herida íntima, la denuncia social, el amor perdido y un diálogo exigente con Dios— con el mismo pulso indignado y tierno.
En narrativa breve publiqué Cuentos encontrados en el camino, un libro de personajes que viven en las grietas de lo cotidiano: una mujer que no reconoce al amor de su vida, un sacerdote perseguido por aquello que no cree, un anciano que aparece siempre que alguien llora de noche. Historias robadas a la vida real, como me gusta decir, aunque aderezadas con la imaginación que la vida a veces se olvida de poner.
En 2024 publiqué mi primera novela, La espiral del odio. Madrid, 1998: un sacerdote anciano decide escribir el secreto que cargó durante treinta años. Una venganza nacida en los últimos días de la guerra civil española, tejida de silencios cómplices y odios íntimos que sobrevivieron a todos sus protagonistas. Una novela sobre la memoria que no descansa, el perdón que no llega y la pregunta que queda en pie cuando ya no hay culpables vivos.
Escribo porque necesito comprender, recordar y, a veces, reconciliarme con lo vivido. Escribo para que la memoria no se borre del todo. Y escribo porque esa voz que comenzó a formarse hace ya muchos años, en un pequeño pueblo del Bierzo, sigue teniendo cosas que decir.