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Hay secretos que sobreviven a quienes los guardan. Hay odios que duran más que las guerras que los sembraron.

Madrid, 1998. Un sacerdote anciano pasea cada día por el bosque que bordea su residencia. Las excavadoras acaban de llegar para devorarlo. Contemplando cómo muere el último árbol, decide que ha llegado el momento de escribir lo que nunca debió callar.

Lo que escribe no es una confesión propia. Es el relato de una venganza ajena: una historia de odio, traición y muerte que nació en los últimos días de la guerra civil española y siguió viva, como una brasa enterrada, durante décadas. Una historia que llegó a él en retazos, a través de confesiones inconfesables, de silencios elocuentes, de heridas que supuraban rencor.

La espiral del odio recorre dos tiempos en paralelo. En el pasado, los años de la guerra y la posguerra en una España rural donde las lealtades se partieron como la tierra seca: Manuela que cose en silencio mientras su hijo marcha al frente; Sebastián, que regresa cambiado de una guerra que no eligió; Fernando, que crece sabiendo que su hermano fue asesinado y sin poder hacer nada. En el presente, el sacerdote que trata de poner palabras a lo que presenció, preguntándose si contar la verdad puede aliviar alguna culpa o si solo abre de nuevo las heridas.

Con una prosa que mezcla la reflexión filosófica con la ternura hacia los personajes más humildes, Nicolás Puente construye una novela sobre la memoria que no descansa, el perdón que no llega y la pregunta que queda en pie cuando ya no quedan culpables vivos: ¿para qué sirve la verdad si la justicia ya no es posible?

Una novela sobre la España que no aparece en los libros de historia, narrada desde la conciencia de quien conoce el secreto.
 

Primer capítulo.

Puedes conseguirla aquí