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Historias robadas a la vida diaria. Personajes que no saben que son extraordinarios.

El propio autor lo advierte en la introducción: no es un mentiroso, solo un "pobre cleptómano que guarda con su pluma en el papel pequeñas historias robadas a los dioses". Y tiene razón. En estos cuentos no hay héroes de novela ni tramas imposibles. Hay una prostituta que se cruza con el amor que perdió sin reconocerlo. Un sacerdote racionalista perseguido por alguien, o algo, que parece empeñado en demostrarle que el misterio existe. Un anciano que aparece en la noche cada vez que una joven llora. Un hombre que lleva décadas creyendo en el amor como un testamento.

Los personajes de Nicolás Puente viven en las grietas de lo cotidiano. Son mujeres de manos deformadas por la artrosis que cosen en silencio mientras el mundo pasa. Son hombres que no supieron decir a tiempo lo que sentían. Son ancianos que guardan historias que nadie les preguntó. Son personas a las que la historia grande no les dedicó ni una línea, pero que cargaron con su peso hasta el final.

Escritos con una prosa que oscila entre el lirismo y la dureza, estos cuentos comparten una misma pregunta de fondo: ¿qué hacemos con lo que no llegamos a decir a tiempo? ¿Y con lo que decidimos callar?

Un libro para leer despacio, porque cada historia guarda algo que solo se revela en la última línea.
 

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