Skip to main navigation Skip to main content Skip to page footer

Poema para mi hija – Nicolás Puente | texto completo

Escúchalo aquí, en uno de los canales más visitados.

Escúchalo aquí.

Hace tiempo, en el 2018, escribí “Poema para mi hija”. Desde entonces, el poema ha circulado por la red, ha recibido cientos de comentarios. Ha circulado ampliamente en redes y recitado por distintas voces. Abajo del todo puedes leer el texto completo del poema

No es —al menos nunca lo pensé en ese sentido— un poema impositivo. Es, más bien, la entrega de una herencia de vida, una invitación a estar en el mundo de una determinada forma. Quería que fuese un texto que acompañase a mi hija a lo largo de su propio camino.

Precisamente por eso comienzo diciéndole que “esto es lo que espero, amor”. Y a partir de ahí no le escondo nada de la vida. Habrá dolor, habrá despedidas, pasará el tiempo desmoronando la vida… Y frente a esa realidad de pérdidas, de derrotas, de sufrimiento… no cabe la renuncia a vivir, a amar, a curar las heridas: “Amar es ir acumulando cicatrices”.

Amar, en este sentido, es una forma de vulnerabilidad, porque todo amor nos hace vulnerables. Pero ello no puede llevarnos a huir de toda relación; al contrario, si pretendemos escapar de los sinsabores, tendremos el “alma tan muerta como entera”.

Por otro lado, tras la invitación a “jamás digas me rindo”, a seguir caminando pese a todo, a exponerse a las heridas, a no huir del dolor o de las llagas… hay una invitación a tener la “mano abierta para todos, porque todos vamos de camino”. No podemos ser sin los otros, dejándolos de lado.

Luego, como un desprendimiento lógico, viene la invitación a escapar del miedo a caminar sola: “No temas, nunca temas andar sola”. Es algo inevitable; no es solo abandono, es condición identitaria, es una manera de ser uno mismo. No se puede vivir la vida de otros. Quizá nos parezca mucho mejor que la nuestra, pero, justo por eso, no es la nuestra y no podremos transitar por ella. Cada uno necesita habitar su propio camino o quedará vacío.

Tras la invitación a vivir la fe, aparece una indicación de futuro: “hoy, —todavía—, hacemos juntos el camino… / Mañana no verás la huella de mis pasos”. Todo acompañamiento, por una razón u otra, termina, y hay que prepararse para ello.

Nada en esta vida es inmóvil. Todo necesita de nuestra energía y de nuestro empeño, también el futuro, nuestro futuro, y hay que perseguirlo si se pretende alcanzarlo.

Poema completo:

Poema para mi hija

Esto es lo que espero amor:

Espero que jamás digas me rindo,
porque si lo haces, 
si te entregas sin exponerte a las heridas...
ya has perdido.

Si el miedo a perder, 
clava tus pies a la tierra en la que vives
sin dejar que avances,
—tal vez que retrocedas—,
ya has perdido.

No guardes el corazón 
demasiado lejos de las llagas.
Amar es ir acumulando cicatrices,
ir poniendo puntos de sutura...
Si las rehúyes...
tendrás tu alma tan muerta como entera:
ya has perdido.

No lo olvides, amor, nunca lo olvides,
ten tu mano abierta para todos
porque todos vamos de camino
y, a veces, necesitamos entrelazar los dedos
a otros que nos recuerden la condición de lo que somos:
peregrinos a tientas de la aurora.
Si no paras,
no llegarás antes, —te lo aseguro─,
ya has perdido.

No temas, nunca temas andar sola, 
al final cada uno tiene su sendero
y nunca podrás andar por el de otros
y si lo intentas, 

si te sales a otras sendas,
dejarás vacío de pasos tu camino
y, es más,
ya has perdido.

Recuerda, ─hemos rezado juntos tantas noches─,
esos ojos que te miran desde lejos,
pero te abrazan tan dentro de ti misma...
Por veces no lo verás en tu horizonte
o no acudirá presto a tu llamada:
Te lo aseguro hija, también él va de camino
en la luz que despierta la aurora,
en las manos que se niegan a ser puños,
en el rostro cansado del anciano,
en el pájaro que canta la vida en el alero,
en el hombre que regresa vencido,
en el hambre de tantos ojos niños
y en la prostituta con un catre y sin clientes.
Te lo he dicho, ─no lo olvides─,
se pierde fácilmente en las chabolas...

No dejes de llamarle,
gusta de esperar en los recodos del camino.
Y si lo pierdes, no importa,
él no te ha perdido.

Esto es lo quería decirte:
hoy, —todavía—, hacemos juntos el camino...
Mañana no verás la huella de mis pasos
bordeando los tuyos.

No mires atrás,
te llega el saber que lo di todo
por ese futuro que te mira y que te llama,
búscalo, persíguelo, es tuyo, ¡Es el tuyo!
y tienes que alcanzarlo
o ya has perdido.

Este poema pertenece al poemario “De amor, desamor y otros demonios”.
© Nicolás Puente.