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El sembrador de rosas – Nicolás Puente | texto completo

José Luis García Guillermo declama este poema: El sembrador de rosas.

Lo recito a partir del minuto 2:00

Mi contribución para el día de la poesía.

En este soneto he intentado dar visibilidad a un creador que sucumbe en su propio intento de crear. Las palabras que persigue no logran atrapar la realidad que gira como un torbellino en su cabeza. Quizá por eso aparecen como materia inerte, como fragmentos de un lenguaje incapaz de abarcar la propia existencia.

Ahí se insinúa también una reflexión sobre la vida misma: se entrega el amor y lo amado se desdibuja en la falta de correspondencia; en el intento de vivir, cada paso nos aleja de la vida; y lo vivido —la memoria— se deteriora con el paso del tiempo, revelando así su desgaste existencial.

El poema se sostiene sobre un tono elegíaco e introspectivo, con una lírica impregnada de matices melancólicos. Se ajusta a la musicalidad clásica del soneto: catorce versos endecasílabos articulados en una estructura cerrada y equilibrada.

El lenguaje juega con lo abstracto (gloria, memoria, olvido) y lo concreto (noria, aljibe, rosas), en un intento de construir un equilibrio entre lo simbólico y lo sensorial.

A continuación se presenta el soneto en español, seguido de su traducción al inglés, realizada por Lucía Azpilicueta como trabajo universitario.

El sembrador de rosas

Soy el que canta las penas de su gloria
y se dice en los versos que no escribe.
Aquel que va muriendo mientras vive
y pierde a cada instante su memoria.

El que girando la vetusta noria 
arranca al fondo ciego del aljibe
las palabras inertes que trascribe
en un papel en pos de vanagloria.

Aquella sombra amarga en tu pasado,
los labios que besaron tus ausencias
los dedos que rozaron el olvido.

Soy quien sembró de rosas tu costado,
banquero que pagó tus apetencias
y amargamente llora lo no habido. 

 

The rose sower

I do sing of my glory the sorrows
I am in the verses I did not write.
I am from whom Death life slowly borrows
And who of all memory loses sight.

I am he who, spinning the ancient wheel
Does take from the bottom of a dark well
All the words he writes, as inert as steel
Chasing pride as my words in paper dwell.

That bitter shadow that stands in your past,
The ones that kissed your absence were those lips,
Those fingers that grazed oblivion, so vast
I am who planted roses in your ribs.

I am the banker who payed your whims' bills
And who for the unrealized tears spills.

Este poema pertenece al poemario “Poemas al borde del caminos”.
© Nicolás Puente.